PROVINCIA SAN FRANCISCO SOLANO

ARGENTINA

Clarisas

Monasterio Santa Clara de Asís

B8180AWB – Puán (Buenos Aires)

Tel./Fax: (02923) 498333 / 489645

Cel: 0260 - 154308096

Correo electrónico: hnaspobrespuan@puan.com.ar


La comunidad monástica está compuesta por:


Madre: María Pía Di Cristofano, Abadesa.

Sor Clara Inés Goitea, Vicaria

Sor Clara Ester Rodríguez, Discreta

Sor Juana Clara Bascuñán, Discreta

Sor María Clara Storani, Discreta

Sor María Asunta Moscatelli

Sor María del Pilar Martínez

Sor María Ana Carballo

Sor Juana Olimpia Ruiz

Sor Jésica Augusto

Sor María Florencia Bruno

Sor María Luján Esparza, Novicia


HISTORIA

"Conviene establecer por todas partes en  las Iglesias nuevas, la vida contemplativa porque pertenece a la plenitud de la Iglesia.(Decreto Ad Gentes Nº 18, del Concilio Vaticano II)

Respondiendo a este pedido del Concilio, la Federación de las Clarisas Marcas-Abruzzo de Italia, en 1973, pensaron en la posibilidad de fundar un monasterio en la Arquidiócesis de Bahía Blanca, ya que en esta región estaban los hermanos franciscanos pertenecientes a esa provincia italiana. El Monasterio debería ser el corazón de un centro Mariano de espiritualidad de la Guardia de Honor del Inmaculado Corazón de María.

En marzo del 1973 el padre Tazzelli ofm (provincial de Las Marcas), se entrevista con Monseñor Jorge Mayer, arzobispo de Bahía Blanca, quien recibe con alegría la propuesta, dado que en la Arquidiócesis no tenía ninguna presencia de vida contemplativa y de clausura.

El lugar elegido fue Puan (Bs. As.). Se consiguieron los terrenos para comenzar la obra entre fines de 1974 y principio de 1975.

En política y economía hubo grandes cambios, tanto en Argentina como en  Europa. El petróleo aumentó muchísimo y la economía se agravó, lo que provocó el paso de los años sin que el proyecto pudiera realizarse.

En 1980 se realiza en Argentina el Año Mariano Nacional, y al mismo tiempo Bahía Blanca está preparando el Año Mariano Misional Arquidiocesano a realizarse en 1981. En aquella ocasión el Arzobispo Mons. Jorge Mayer, siguiendo las líneas del Concilio Vaticano II, desea una fundación de vida contemplativa para la Arquidiócesis, como fruto del año Misional. Al enterarse de esto los hermanos franciscanos, Padre Pascual Di Saverio y P. Lamberto Franccioni, se entrevistan con el Arzobispo de Bahía Blanca y le recuerdan que ellos ya tienen el terreno para una fundación y que existe la posibilidad que la Federación de las Clarisas Marcas-Abruzzo manden algunas hermanas. Mons. Mayer encarga a los frailes la tarea de conseguir la comunidad.

Se cursa en nombre del Arzobispo de Bahía Blanca el pedio para la fundación a las Hermanas Clarisas de la Federación Marcas-Abruzzo de Italia. La Federación envía a los distintos monasterios federados una carta circular pidiendo hermanas disponibles para fundar en Puan (Bs. As.), un nuevo monasterio. De las dieciséis hermanas que se presentaron para la nueva fundación se eligieron seis, sin embargo una de las hermanas no pudo partir por causas de fuerza mayor surgidas en su monasterio.

El 30 de abril de 1982 arriban a la Argentina las cinco hermanas procedentes de Italia acompañadas por el director de las Misiones de la Arquidiócesis de Bahía Blanca, padre Ángel Caparella. Sor María Rosa (Monasterio de Atri); Sor María Asunta (Monasterio de Pollenza); Sor María Pía (Monasterio de Chieti); Sor María Gabriela y Sor María Clara (Monasterio de San Severino). 

El 22 de mayo del mismo año, llegan a Puan.

Durante ocho años vivieron en el pueblo en un monasterio provisorio, mientras se construía el Monasterio definitivo en el Cerro de la Fe, a 3 km del pueblo; el cual se inauguró el 18 de marzo de 1990.

VIDA EVANGÉLICA

El Hijo de Dios se ha hecho para nosotras Camino. Es a Jesús a quien seguimos, a Jesús Pobre y Crucificado. Él nos ha llamado por nuestro nombre y por sola su gracias nos ha confiado la misión de ser cooperadoras y sostenedoras de los miembros vacilantes.

Fraternidad

Tanto Clara como Francisco reconocen en el hermano un don. 

La Forma de Vida dada por Francisco a las hermanas del Monasterio de San Damián es vivir en santa unidad y altísima pobreza. Todo en común con el motivo de conservar la unidad de la mutua caridad y de la paz.  

No es siempre fácil vivir en fraternidad, pero es lugar privilegiado de conversión al Evangelio. Hacer crecer juntas las semillas de la fraternidad es un largo aprendizaje, en el cual es necesario continuamente aprender a superar el egoísmo natural, acoger nuestra diversidad y perdonar.


Pobreza

La oración de Clara por la pobreza nace de la profunda experiencia de Dios, de un Dios que pobre fue recostado en el pesebre, pobre vivió e el mundo y desnudo permaneció en el patíbulo.

La opción es por una vida sobria. Tanto en el vestido, en el alimento como en los muebles, lo esencial es la simplicidad. 

La pobreza evangélica es misterio de relación hecha de comunión, acogida, don.

Trabajamos con nuestras propias manos. Para Clara el trabajo es gracia y alabanza. Ofreciendo nuestro trabajo al Padre, compartimos las fatigas cotidianas de todos los hombres

Castidad

"Ama totalmente a quien totalmente se entregó por tu amor".


Obediencia

Amor sin límite, libre y profundo. Donación de todo el ser a Dios y esto sólo es posible si el Espíritu colma nuestra persona.

La vida de castidad virginal nos lleva al desposorio con Cristo, somos madres, hermanas y esposas de Jesucristo.

Nuestra fecundidad se da en la maternidad espiritual: somos madres espirituales del pueblo de Dios; la expresión externa y concreta de esta fecundidad es la responsabilidad de orar por todo el mundo.

Hace presente de modo particular la obediencia de Cristo al Padre. Es la libertad en el amor.

Francisco y Clara descubren que obedeciendo, el hombres se salva. En la medida en que nos liberamos de las ataduras del propio querer, de nuestro egoísmo, crece nuestra pertenencia a Dios, somos más dependientes de Él y a la vez, más libres.

Oración

"No apaguen el espíritu de oración y devoción".

La oración es nuestro respiro, es el corazón de nuestra vida, en cierto sentido nuestro oficio. Solo la oración permite al corazón del hombre unirse al corazón de Dios. A través de la oración nosotras llegamos al corazón de todos los hombres.

Contemplación

Es el encuentro de dos amores, el amor del Creador y el amor de la creatura. Es puro don gratuito de Dios, que ama primero.

Para Francisco, para Clara, contemplar es encontrarse con la persona de Jesucristo, mirarlo, experimentar su propia vida hasta transformarse en Él.

La vocación contemplativa está inserta completamente en la vida litúrgica: Eucaristía, Palabra (Evangelio), Liturgia de las horas. 

Clausura

Nuestro retiro no es fuga, tampoco es para huir de las preocupaciones del mudo, ni mucho menos un rechazo a la vida matrimonial, profesional o social. Es un retiro voluntario, un medio que favorece la escucha del "susurro de Dios".

Aunque parezca paradójico, es apertura al mundo y plenitud de comunión espiritual.