PROVINCIA SAN FRANCISCO SOLANO

ARGENTINA

Rio Cuarto

INSTITUTO SAN BUENAVENTURA

NIVEL INICIAL PRIMARIO Y SECUNDARIO

 

NIVEL INICIAL                                   3 Salas de 4 años

                                                         3 Salas de Jardín

NIVEL PRIMARIO                             1º a 6º Grado Divisiones “A”,”B”, “C”

NIVEL SECUNDARIO DIUNRO         1º a 6º Año Divisiones “A”,”B”, “C”

NIVEL SECUNDARIO NOCTURNO   1º Y 3º Año División “A”

                                                         2º Año División “A”, “B” 

 

Dirección San Martín 250

Código Postal (CPA): X5800DIF  

Localidad: Río Cuarto – Córdoba

Teléfono: 0358 – 4627077 / 4625545

Fax: 0358 – 4627077 / 4625545

Correo Electrónico: [email protected]

  

Representante Legal

             Fray Carlos Héctor Carlos Rioja, ofm

 

Nivel Inicial

            Directora: Profesora Ana Comugnaro


Nivel Primario

            Directora: Profesora Nora Cristina Bergia

            Vice: Profesora Vanina Capellari

 

Nivel Secundario

            Directora: Profesora Patricia Bernardi

            Directora de Estudio: Graciela Pereyra

            Vice: Licenciada María Alejandra Bettera 



En la segunda función de aquél “Colegio de Propaganda Fide” se asentaba otro propósito de no menor importancia: el de la educación formal, desde las primeras letras, prioridad que señala el Gobernador de Córdoba, Alejo Carmen Guzmán, al visitar la Villa en1853, cuando advierte que no había escuela y sí, muchos vicios, productos la mayoría, de la ignorancia. Venía ya de lejana tradición misionera y franciscana que cerca de cada iglesia, como preocupación prioritaria, siempre había una escuela que se ocupaba de la formación moral e intelectual de los niños. Esta obra promocional y evangelizadora ha sido el horizonte desde el cual nuestro Colegio Franciscano se ha proyectado: el de la educación formal.

En la reseña que de la trayectoria del Colegio – o Instituto – San Buenaventura hacía una de sus directoras hace cinco años, Irma H. Sposetti de Ardissino[1] se preguntaba

“¿Qué enseñaron aquellos religiosos en sus primitivas escuelas?, ¿solamente la doctrina cristiana, urbanidad, a leer y a escribir?. Claro que no. Hay registros que señalan que ya a mediados del siglo XVI, el colegio San Andrés de Quito, los franciscanos enseñaban canto, música, carpintería, zapatería, herrería y cultivo de la tierra”.

Este compromiso de las misiones religiosas no sólo con la formación espiritual sino fundamentalmente con el desarrollo de una sociedad en la que se inscribe orientó toda la labor de la comunidad franciscana. Por el siglo XVIII, los franciscanos en el Virreinato del Río de La Plata llegaron a tener a su cargo unas 70 escuelas primarias esparcidas sobre la ruta al Tucumán y al Paraguay. La educación entendida como proyección de valores sociales, éticos, morales y como célula transformadora y promotora de la sociedad es la concepción a partir de la cual el colegio San Buenaventura se ha proyectado en nuestro medio.

Ahora, un poco de historia. “¿Dónde ubicamos históricamente al colegio San Buenaventura, cómo se puede pensar su función en la sociedad riocuartense, qué implicancias ha tenido en los hombres y, desde hace unos años, en las mujeres en nuestra comunidad? continúa reflexionando I. Ardissino, quien se admira: “Sólo tres habitaciones les fueron ofrecidas a estos sacerdotes, no obstante, una fue destinada para capilla. ¡Dios había ya acampado entre los habitantes de Río Cuarto!. Desde ese momento, alguien pudo cantar con toda verdad: “Río Cuarto, cuatro ranchos y un convento...”.

 

No bien llegados los PP. Franciscanos, se establece el primer centro educacional de la Villa, convertido en institución sistemática al año siguiente. En 1857 se inaugura solemnemente el colegio San Buenaventura fundado por uno de aquellos sacerdotes que apostó a la educación para “alfabetizar en y por la fe”, el padre Juan Bautista Reineri. En esta primera etapa, la escuela imparte enseñanza gratuita a niños de distintos sectores sociales. Junto a las esperanzas de los niños distinguidos de la primera sociedad de la Villa, se hacía un lugar para los anhelos de algunos pequeños que vislumbraban una posibilidad de descubrir un “nuevo mundo” a partir de la palabra, de la imagen, de la voz, del número que les llegaba por medio del “maestro”. Se llega así a 1890, fecha en la que en respuesta a la demanda de un grupo de obreros y empleados se funda la escuela “Primaria Nocturna” con una matrícula de 112 alumnos, indicio que lleva a pensar en la importancia de la escolaridad, del saber, del encuentro con el conocimiento para estos hombres que, a través de la escuela, deciden iniciar un nuevo camino que les lleve hacia el ascenso social. En el año 1911, con los ecos aún de la celebración del Centenario de la independencia, época de repensar nuestra identidad nacional en un contexto de “mosaico cultural” en que el gringo, el gallego, el vasco se ponen el traje de Juan Moreira en los carnavales y van a la escuela a aprender el idioma de “los argentinos” y su manera de ser en el mundo.

En su reseña continúa Ardissino[2] “La escuela, en estos tiempos es el lugar de gozne social que trabaja para la integración y para el desarrollo. De estos tiempos, es una nota enviada a las autoridades de la Provincia en la que los padres franciscanos piden subvención para el pago de los sueldos. Después de un año, el gobierno les manda $30 fuertes para apoyar tan importante tarea. Ya por aquel entonces se iba forjando una cultura institucional que se caracteriza por el hecho de afrontar por sí sola los riesgos de hacerle frente a la demanda social, y, una vez consolidada la labor, una vez puesto el hombro y la cabeza para construir, se consigue el reconocimiento pedagógico primero y después el apoyo estatal”.

El Colegio San Buenaventura crece en su matrícula y divisiones, y al mismo tiempo, en desafíos: cada vez mayor número de alumnos, niños, adultos y jóvenes se interesan por aprender; el conocimiento demanda más conocimiento, la sociedad se estaba tornando cada vez más exigente y para participar de un sistema social cada vez más complejo e intelectualizado resulta de impostergable necesidad el establecimiento incorpore el Ciclo Comercial Nocturno. Corría 1951; la sociedad había empezado a cambiar, se expandían las bases de los sectores sociales, había otros proyectos de integración que ya no involucraban a los inmigrantes, sino a muchos trabajadores que comenzaban a adquirir espacios de poder en la vida pública y social. La matrícula registró a 19 jóvenes que inician el primer curso nocturno, y al cabo del ciclo secundario reciben su título 14 de ellos. Los profesores trabajan meses y meses ad-honorem manifestando un profundo interés por la docencia y por el porvenir de sus alumnos. Son tiempos de sacrificio y fundamentalmente de trabajo; para disminuir la carga, el R.P. Rector Serafín Ribera se hizo cargo de las cátedras de Matemáticas, Religión, Música y suplencias.

Poco más tarde, el Padre Rivera dirá:

 “El cómo se logró tanto progreso careciendo de todos los medios económicos, francamente, no lo sé. Nunca tuve ninguna donación. La cooperadora formada por las socias del Apostolado de la Oración, todos los meses aportaban algo; con ese algo, y la ayuda de Dios, bien visible, y siempre constante, nuestro Colegio San Buenaventura de Río Cuarto llegó al apogeo que actualmente goza.”

 

El colegio ha crecido; de aquélla iniciativa de 1856, han pasado cien años, la comunidad franciscana puede observar con orgullo el fruto de su trabajo: un primario nocturno, un primario diurno y un secundario nocturno. Sin embargo, la comunidad sigue demandando, y el “Sanbue” sigue dando respuestas: en 1956 se crea el nivel medio diurno.

En la sociedad, la educación media define más que los otros niveles el futuro ocupacional y la posición social del individuo. A medida que la organización social es más compleja, aumentan las exigencias educativas para ocupar lugares de mayor prestigio y mejor remuneración.. Al cabo de cinco años, la escuela cuenta con tres divisiones de Primer año y la primera promoción de Peritos Mercantiles del turno nocturno.

Una década más tarde comienza una nueva etapa para el San Buenaventura, en 1966 llega a Río Cuarto para asumir el Rectorado del Colegio el R.P. Miguel Gomila, de carácter dinámico y resuelto, con ideas renovadas. A su gestión se debe la extensión del Comercial Nocturno a las mujeres, pues hasta entonces era exclusivo de varones. Durante este período se implementa el Proyecto 13 que propone un replanteo de la Educación Media. Un gabinete psicopedagógico asesora a los docentes para que puedan ayudar a todos y cada uno de sus alumnos a descubrir su singularidad, sus condiciones de creatividad encauzadas, cada vez más enriquecedora de su ser trascendente. En las horas de extra clase se trabaja con proyectos que permiten al alumno descubrir sus intereses, desarrollar especiales aptitudes, tratar de superar limitaciones. Surgen el periódico “La voz de todos”, el Teatro Escolar, el Coro, la Radio Escolar, Oficina Contable, Club de Ciencias, la Estación Meteorológica, Apoyo Escolar, Grupo de Investigación social, Acción comunitaria y la asesoría de un Gabinete Psicopedagógico.

El padre Miguel en el prefacio del folleto de los 135 años del colegio expresa:

 “Permanecer, durar es algo que no todas las instituciones consiguen; será, tal vez, porque se quedaron sin objetivos o no había claridad en sus propuestas o no manifestaban excelencia en sus resultados o se ataron a determinadas personas, que no son eternas. Pero cuando las instituciones no sólo duran, sino que progresan indican la presencia de un espíritu que trasciende el tiempo y unifica y dinamiza ideales, crea nuevos proyectos, porque tienen la base enraizada en la tradición y la mirada oteando el porvenir[3]”.

 

Las palabras del P. Fr. Miguel Gomila, rector por más de treinta años, definen precisamente la esencia del Colegio, con la autoridad de quien fue una de las personalidades más importantes en la vida del San Buenaventura, uno de los hombres que dejó su huella en una institución que no se ató a su persona, pero estrechó con él otros lazos, indisolubles, los de la memoria y el reconocimiento, y que proyectó al Colegio en toda la actividad educativa que se desarrollaba en la ciudad, al ser miembro por largo periodo, del Consejo de Rectores de establecimientos secundarios, oficiales y privados, de Río Cuarto.

Los Padres Rafael Alfageme primero y después y Rafael Colomer dieron un nuevo paso, al ofrecer un nuevo espacio para la integración en el horizonte del San Buenaventura, abriendo la matrícula de las mujeres. Otras voces, una nueva dinámica de relaciones, otros juegos en los patios, ¡”en el Sanbue hay polleras!” era la novedad que mostraba cómo la propuesta educativa llegaba cada vez más a los diferentes grupos que conforman nuestra comunidad. En este tiempo se completan las obras de la Villa San Francisco, predio situado a dos kilómetros y equipado con vestuarios, comedor, salón, capilla, dos piletas de natación, canchas varias, asadores; espacio que posibilita una nueva comunicación y comunión entre los miembros de la familia escolar. A la vez, el colegio es dotado de recursos materiales y tecnológicos adecuados a la especialización y actualizados a las demandas del mundo posmoderno.

Entendiendo que la escuela debe dar respuesta a los cambios sociales de la ciudad y la región formando personas con amplitud de criterios para actuar, se elaboran nuevos objetivos para la escuela nocturna, no sólo en el presente sino con una clara visión del futuro inmediato; ya no son más los “Peritos Mercantiles”que se incorporarán a las empresas y administraciones públicas o privadas, sino jóvenes capaces de elaborar y gestionar proyectos para una sociedad laboral y económicamente siempre mutante. Ante la evidencia de la falta de correspondencia entre títulos y puestos de trabajo la escuela cree necesario proponer una formación que permita acceder a diferentes puestos de trabajo, que se centre en la experiencia, en el valor a la capacidad y a la responsabilidad. “La sociedad del futuro no es una sociedad de titulados, sino de formados” es la premisa que destaca la profesora Irma Ardissino.

Otro aspecto a destacar es la historia del edificio del Colegio San Buenaventura. Tres son los momentos más representativos del ímpetu de esta institución que pueden reconocerse: El de un pobre cuarto de otros seis que componía el rancho de adobe y paja donde se alojaron los misioneros al llegar a la Villa; la primera escuela, que funcionaba en dos aulas o salones de 60 y 90 metros cuadrados y luego el tradicional edificio de calles Cabrera y San Martín que acompañó al paisaje riocuartense durante la primera mitad del siglo XX[4] que fue pasando por sucesivas transformaciones arquitectónicas, hasta el hoy magnífico edificio que se caracteriza por su estilo y refleja el espíritu de su dimensión interna, social y formativa, desde las salas del Jardín de Infantes, la escuela primaria, el secundario y el secundario nocturno. Las instalaciones se prolongan de alguna manera, en el Centro Polideportivo, amplio predio dotado de las condiciones y elementos necesarios para las actividades deportivas del alumnado. Numerosos proyectos, especialmente surgidos desde el carisma de san Francisco de Asís, llevan con frecuencia el mensaje de alumnos, docentes y familias, por las calles de ciudad, ya fuera en defensa de la paz, de la ecología o de proyectos de ayuda social con los que se comprometen a vivir en la solidaridad y la fe, al estilo de san Francisco y de santa Clara de Asís.

 

[1] Ardissino, Irma H. Sposetti. “Una experiencia educativa franciscana: COLEGIO SAN BUENAVENTURA” Apuntes FranciscanosEdiciones del Archivo, 2001.

[2] Ob. cit.

[3] “135 Años, Instituto privado San Buenaventura” (1992) Talleres gráficos Blanco y Barchiesi, en AHCSF y Biblioteca Colegio San Buenaventura.

 

 

[4] Revista “Senda”, edición especial de los 125 años de la fundación del Colegio San Buenaventura; Breve crónica de un colegio: (1981), Talleres gráficos Macció, Río Cuarto; Revista Senda Nº 5: (1981), Órgano de difusión del Proyecto 13; Proyecto Institucional San Buenaventura: (2000);135 Años, Instituto privado San Buenaventura (1992) Talleres gráficos Blanco y Barchiesi; en AHCSF y Biblioteca Colegio San Buenaventura.